El monstruo del terror (1965)

El monstruo del terror (Die, Monster, Die!)
Banderas - EEUU Banderas - Gran Bretaña
Año:
1965
Duración: 80 min.
Género: Terror y Ciencia ficción
Director: Daniel Haller
Actores: Boris Karloff, Nick Adams, Freda Jackson, Suzan Farmer, etc.
Más datos en la IMDB
Minisinopsis: Un americano viaja hasta la casa de su novia en Inglaterra para conocer a la familia de ésta. Allí descubrirá que tener suegros puede convertirse en una auténtica pesadilla (más o menos).

Si ya has visto la película, puedes seguir leyendo.

Die, Monster, Die! es una película especial para los hispanohablantes admiradores de Lovecraft; más que nada porque es casi imposible encontrar esta película en castellano o hacerse con unos subtítulos; pero también porque es la segunda película basada en el autor -tras El palacio de los espíritus (Roger Corman, 1963)-; porque su director es Daniel Haller, autor de varias películas “basadas” en la obra de Lovecraft -como Terror en Dunwich (1970), una película que todo el mundo dice -todo el que lo dice, claro- que es “más peor” que esta, pero que a mi me parece “mucho más mejor”-; y porque su actor principal es Boris Karloff (Nahum Witley), a quien ya vimos metido en un papel Lovecrafiano en La maldición del altar rojo (1968)… otro fallido intento, como casi todos, por llevar la obra del escritor a la gran pantalla.
Pero antes de seguir quiero decir algo sobre el título en inglés y en castellano. No sé cuál es peor: ¡Muere, monstruo, muere! o El monstruo del terror… ambos me parecen títulos sacados de la manga para atraer al público. Es como llamar Chewaca a Star Wars. Si le hubiesen puesto el nombre del relato en el que se supone que está basado –El color surgido del espacio– hubiesen sido mucho más coherentes y la película hubiese contado con un título más sugestivo.
Volviendo al tema del director y los actores, porque el resto de las cosas, salvo la música y quizá la fotografía, no es que sea muy destacable que digamos, no puedo dejar pasar el hecho de nombrar a Nick Adams (Stephen Reinhart) a quien ya vimos en Frankenstein a la conquista de la Tierra (1965) haciendo un papel de actor principal que le queda grande, como en ésta… bueno, en realidad, en la producción japonesa no sé si le quedaba grande… quizá era de lo más apropiado. En esta película, Adams se limita a andar en plan cowboy y a poner siempre la misma cara, pase lo que pase. Mención especial también merece Freda Jackson (Letitia Witley) quien pasa casi toda la película tras un velo y sólo puede expresarse con el acento de sus palabras, cosa que, lamentablemente, no hace.

Pero lo increíblemente sorprendente de la actuación deviene de una mezcla entre los propios actores, el director y el guión, y es que durante toda la película se producen fenómenos extraños que a cualquiera le hubiesen llevado a salir por patas antes de decir “¡salud!” después de un estornudo. A saber: entras en un pueblo en el que sólo por mencionar la mansión Witley ya te miran raro y casi te escupen; llegas a una casa rodeada de vegetación muerta en la que el dueño te dice que te pires nada más verte; aparece tu novia y te lleva a la habitación de su madre, la cual tiene la cama cubierta por un velo y te dice que cojas a tu novia y que te pires lo más rápido posible; acto seguido, durante una cena en la que se podría haber cortado la tensión con un abrecartas, se escucha un grito misterioso y nadie dice nada; poco después muere el mayordomo y el padre lo entierra en el jardín… y así todo el rato, y el Stephen aguantando estoicamente sólo por exigencias del guión, porque su novia se quiere ir pero no se quiere ir. Ufff, qué tufillo. Vamos, tío, que o te quedas en la casa, o te quedas en la casa.
¿Y cómo reaccionan los protagonistas ante los misteriosos sucesos que van ocurriendo? Pues paseando cogidos de la mano. En serio, cuando se escucha el grito en la cena, a Stephen sólo se le ocurre decir “¿qué fue éso?“, y como nadie responde, en lugar de salir a averiguarlo (o de irse al pueblo echando leches), lo que hace es cambiar de tema al más puro estilo aquí no ha pasado nada; y al final de la película, cuando la pareja formada por Stephen y Susan (Suzan Farmer) van de un sitio a otro, lo hacen despacito y cogiditos de la mano en lugar de ir corriendo de aquí para allá poseídos por el pánico… vamos, lo que sucede en cualquier cuento de Lovecraft, que el que no acaba loco, acaba muerto y el que no, corriendo como un poseso.

En general, el guión está lleno de pequeñas excentricidades. Por ejemplo, cuando Stephen llega a Arkham y nadie quiere decirle por dónde se va a la mansión Witley, el tipo se pone a andar por su cuenta a ver si la encuentra en lugar de ir a una oficina de correos o qué sé yo, preguntar en otro sitio antes de hacer lo que hace. Lo raro es que no aparezca en Londres o en cualquier otro sitio y que llegue, misteriosamente, a donde quería ir. Radar humano, oiga.
Cuando llega a la casa y encuentra a Susan ocurre otro suceso paranormal. Ambos se detienen en los cuadros de la escalera de la mansión y tiene lugar el siguiente diálogo:
– Susan: “Este es mi bisabuelo, Elias Witley. Construyó esta casa hace 150 años”
– Stephen: “¿Y este otro?”
– Susan: “Es mi abuelo, Corbin Witley.”
– Stephen: “¿Y él qué hizo?”
– Susan: “Se volvió loco”.

Oye, que te pregunto qué hizo, no cómo estaba. Es como si un tipo le presenta a su novia su familia y dice: “Mi madre Elizabeth tiene juanetes, mi padre John tiene alopecia y mi hermano Bob tiene un cáncer testicular. Mi abuelo no está porque murió en la guerra cuando le estalló una mina y se le gangrenó una pierna, pero antes de morir construyó esta casa.

Algo que canta más que un gallo por la mañana es el hecho de que Susan, que se supone que vive en la casa, no se entere absolutamente de nada. Sin embargo, Stephen, que acaba de llegar, se pone al día en dos minutos. ¡Ah, pillín, ya sé por qué quieres casarte con alguien que vive en la ignorancia! Por aquello de salir con los amigotes y zumbar hasta morir sin que tu mujer se entere, ¿no? ¡Vaya tipo estás hecho!
La peculiaridad de que Nahum vaya en silla de ruedas tira por tierra algunas escenas de la película. Hay que tener en cuenta que la silla hace bastante ruido -como se puede apreciar de vez en cuando-, así que la posibilidad de que Nahum pase desapercibido cuando espía tras las puertas o cuando entra en la habitación de Stephen mientras éste se hace el dormido pero tratando de no despertarlo y tantas otras cosas, es como que absurdo pero sin el como.
Y por último, el invernadero. Hay una escena en la que Nahum y Merwyn aparecen cerrando con una cadena y un candado el invernadero para que nadie entre. Sin embargo, las paredes son de cristal. No hace falta decir nada más, ¿no?

En cuanto a lo visual, hay alguna cosa buena y más cosas estrepitosamente malas. Lo bueno sobre todo son los decorados y localizaciones, muy acertados. Pero también algunos de los efectos de maquillaje, cuando la transformación no se ha completado, y el efecto inicial de cuando Karloff es “radiado” por el meteorito. Y el efecto de las luces en el invernadero: sencillo pero efectivo.
Sin embargo, me temo que al finalizar las 2/3 partes de la película, los acontecimientos del guión obligan a abusar de efectos muy poco creíbles. Por decir algunos, el esqueleto y los murciélagos de goma del sótano, que son algo completamente innecesario para el desarrollo de la peli.
La habitación del interior del invernadero es como el mundo de Jim Henson: seres sin forma definida pero con pinta de muñeco. Y el invernadero en sí, como la jungla de Tarzán. Oiga, que no digo que lo de las plantas esté mal… lo que está tirando a mal es la escena que propician tales plantas con fallo de continuidad incluído (chica con chaqueta agarrada por plantas asesinas > chica sin chaqueta agarrada por plantas asesinas). Es que las plantas no querían matar a nadie, en realidad lo que tenían es frío.

Las caracterizaciones “finales” -por decirlo de alguna forma- hubiesen necesitado un buen repaso. Para empezar, tenemos el de Letitia, bastante burdo, pero peor es la transformación de su cara cuando muere… algo de plástico, una peluca y sangre y ¡ala, a correr!. El efecto es muy similar a tantos otros que se pueden contemplar en las películas de la Hammer -aunque ésta no sea de la Hammer-. Y es extraño, porque a cargo de los efectos estuvo Wally Veevers, un tipo que participó en películas como Superman (Richard Donner, 1973) o 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968). Pero lo mejor de todo es ver cómo cubren la piel de Karloff en la escena final con una máscara y unos guantes plateados para añadirle un efecto de brillo nuclear que ya quisieran muchas modelos para su pintalabios, y lo ponen a pelearse con Stephen en una escena que, de mal coordinada, acaba siendo dantesca.

Mira por dónde, hoy no voy a finalizar con un resúmen sino con una frase de Letitia que creo que lo define todo y una contestación a esa misma frase: “Probablemente creerá que todo es muy misterioso en esta casa“. A lo que yo contestaría: “Misterioso no, señora, raro, más raro que un perro verde que ha tocado un meteorito.” Aún con todo, como yo también soy más raro que un perro verde, me veo obligado a ponerle un alien más en el interés sólo por estar medio-basada en Lovecraft.

Cutrez técnicaEstrella 3
Cutrez guion�sticaEstrella 5
Cutrez visualEstrella 3
InterésEstrella 3
PuntuaciónGlobal - 5.5

7 Responses to “El monstruo del terror (1965)”


  1. 1 diegogue septiembre 22, 2008 a las 3:08 am

    qué alegría que vuelva este blog Xd

  2. 2 kike septiembre 22, 2008 a las 1:41 pm

    Pedazo de clásico del terror ridículo lovecraftiano de Roger Corman. Buena crítica.

  3. 3 cris alvins septiembre 28, 2008 a las 9:22 pm

    exelente la forma en que desglosas o desguasas las peliculas realmente genial nos quedas debiendo agosto pero en fin..tengo algo que creo sera un muy buen material para tu blog es una cosa del 2007 que se llama transmorphers se que tu le haras justicia con tus acertados comentarios un abrazo

  4. 4 Jorge septiembre 29, 2008 a las 6:49 pm

    Vaya, pues gracias, Cris. Sobre la peli que comentas, el otro día puse coto a las fechas y decidí no comentar nada anterior a 1995, así que se me queda fuera…

  5. 5 alexis septiembre 12, 2009 a las 3:05 am

    Pues mira: Esta la he leido sin haberla visto. ¡Es que me hacia gracia el título!
    Hay una especialmente lamentable, con Paul Naschy, que se titula igual pero en plural: “Los monstruos del terror”. Y es que eso me parece el colmo de la “infantilización” de lo que pueda ser un título. Quiero decir que me da la sensación de que si le propusieras a cualquier niño pequeño que se inventara un título para una pelicula de terror imaginaria, lo que le saldria normalmente seria la mas ultrafacilona combinación de esas dos palabras (que yo creo que son las que mas inmediatamente asocian los niños con estos temas): Estoy convencido de que lo que mas saldria de ahí seria cualquiera de las mas simplonas e ingenuas variaciones posibles con “monstruo-terror / terror-monstruo”… o lo mismo pero, como mucho, en plural.
    Así que me choca un montón que un título puesto (¡hay que suponer!) por alguien adulto y de cara al público en general, comunique una tan abrumadora sensación de puerilidad. (Aunque, de hecho, esa otra peli que he mencionado yo sí que ES, toda ella, tan pueril como su propio título. Así que… bueno…).

    ¡Ah! ¡Pero que rollo que he soltado ya! ¡Y yo lo que queria, al final, era interesarme por esta de “El monstruo del terror”! Que no la he visto. Pero que me llama la atención lo leido. Que me gusta Lovecraft (aunque me consta que anda muy pobretón de adaptaciones en cine). Que… ¿De verdad es tan difícil de encontrar?. (Y es que yo, encima, tengo una conexión a internet bastante poco potente como para descargar cosas con mucha alegria).

  6. 6 Rippley marzo 3, 2010 a las 6:46 pm

    Lo primero felicitarte y decir que encuentro muy entretenidas tus hummmm… SÍ-NO-SÍs. La pelicula si no la tienes esta en wwww.vagos.es o en http://www.exvagos.es

  7. 7 Rippley marzo 3, 2010 a las 6:47 pm

    Quiero decir traducida en perfecto catellano.
    Y disculpa el doble post


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