Gorgo (1961)

Gorgo
Banderas - Gran Bretaña
Año:
1961
Duración: 78 min.
Género: Ciencia ficción
Director: Eugène Lourié
Actores: Bill Travers, William Sylvester, Vincent Winter, Christopher Rhodes, etc.
Más datos en la IMDB

Minisinopsis: Una erupción volcánica y un terremoto, o lo que sea, que da lo mismo, libera a un extraño monstruo de tiempos remotos en la costa británica.

Si ya has visto la película, puedes seguir leyendo.

Solemne, el rollizo Back Mulligan avanzó desde la salida de la escalera, llevando un cuenco de espuma y jabón, y encima, cruzados, un espejo y una navaja…“. Así empieza el Ulyses de James Joyce. Y éstos son los tres primeros temas del Led Zeppelin IV: Black Dog, Rock and Roll y The Battle of Evermore.

Si en La montaña del dios caníbal veíamos lo que era capaz de hacer un italiano cuando quería explotar un género, hoy vamos a ver de lo que eran capaces los británicos cuando querían hacer explotar -que no es lo mismo- otro, y es que hay cintas (de gimnasia rítmica) que sólo pasan a la Historia porque no son japonesas. Porque está claro que Gorgo es un mal batido de King Kong y Godzilla, dos excelentes películas de ciencia ficción que pusieron sólidos cimientos a un subgénero que ha tenido sus más y sus menos. La diferencia entre Gorgo -puesto que no conozco más cintas de monstruícos puramente británicas-, las producciones estadounidenses y los kaiju-eiga japoneses es que éstos últimos, incluso cuando son malos, son divertidos; pero éso es debido a la idiosincrasia japonesa. Un inglés o un americano intentando pasar desapercibido hace más gracia que otro que quiere hacerse notar (no hay más que ver cómo van los anglosajones por las playas españolas). Un japonés hace lo que hacen los japoneses y le importa un pito lo que piense el resto. Si no, que alguien me explique por qué van vestidos como si fuesen a jugar al golf cuando van de turistas: con sus pantalones cortos, polos, guantes blancos, viseras y sombrillas. Les da lo mismo lo que pienses; hacen lo que hace un japonés y logran que tu cerebro se acostumbre a aceptarlos como son.

Tras esta parrafada sobre lo que hace cada cual, vamos con la película en sí.
Eugène Lourié dirigió cuatro películas en su vida si no contamos el vídeo que le hizo a su sobrina de 18 años saliendo de la piscina toda mojada con la excusa de que era para tener un recuerdo familiar. Todas ellas fueron películas de monstruos: El monstruo de tiempos remotos (1953), El coloso de Nueva York (1958) y Behemoth (1959) son las tres no mencionadas. De ellas, la única que se salva realmente es la primera, que cuenta con los inestimables efectos del maestro Harryhausen. Como director está claro que Lourié no valía, así que el resto de su carrera la dedicó a hacer de Director artístico (y a doscientas cosas más), lo cual, estoy seguro, la Historia del Cine le agradecerá enormemente, no como sucede con Shyamalan, al que la industria empuja pese a haber rodado sólo una buena película y muchas tonterías.
Pero la mediocridad de Lourié no es la única que ronda esta peli, porque los actores son igualmente mediocres. A destacar, Bill Travers (Joe Ryan), que se pega toda la peli preocupándose más por levantar la ceja que por su interpretación.
Aunque si hay algo que incita al suicidio en todo ésto es el sonido: malo, agobiante, descuidado y exasperante. Sobre todo en las escenas finales, en las que vuelves a creer en Dios sólo para pedirle con todas tus fuerzas que se vaya la luz y se acabe repentinamente la película sin tener que levantarte a quitarla. El sonido del monstruo es el de un elefante puesto al revés junto con el de un león puesto al derecho y ese sonido, particularmente al final, se repite una y otra vez, de tal modo que, cuando alguien dice algo, como el monstruo está gritando, no se le oye un pijo.

El guión, como he dicho, es un mal batido entre King Kong y Gozdilla. Y si no, que alguien me explique esta línea: un monstruo que sale del océano, es trasportado en barco para ser exhibido en un circo y que luego monta un pitoste de la de padre y muy señor mío en una ciudad. Por mucho que se introduzca el elemento “madre en busca de su criatura”, la línea es ésa: primera parte de Godzilla y segunda de King Kong, por lo que no entiendo en absoluto que esta cinta sea considerada un clásico. Un clásico es Los bingueros (Mariano Ozores, 1979), pero no ésto.
Por si fuese poco, al guión se le añade la aparición de un niño, Sean (Vincent Winter). Repelente -como el 90% de los papeles de niños en las películas de ciencia ficción- y que no para de provocar las típicas situaciones vistas una y otra vez en plan “no matéis al monstruo que nos va a matar a todos” o “vaya, me he quedado quieto justo por donde va a pasar el monstruo para que el protagonista me coja en el último momento”. Y para rematar, también se le añade la figura del cazador arrepentido Sam Slade (William Sylvester) y la del periodista pesado y moralista… amén de las de los militares ineptos que más que nada están para rellenar aunque con importancia.
Porque el tema de los militares se resume en que había que llenar minutos de la película y no se les ocurrió otra cosa que comprar imágenes de archivo -daba igual que fuesen del ejército inglés o el americano- y meterlas sin coherencia ninguna día/noche (un fallo que tiene toda la película). De tal forma, en una escena aparece el monstruo emergiendo de las aguas, luego un barco que dispara sus cañones, explosiones en el agua -sin rastro del monstruo- y vuelta a empezar. Como ya he comentado en otras películas, las imágenes de relleno hacen que pase de 50 a 78 minutos.

El absurdo no se queda en las escenas propias del monstruo. En la parte en la que se destruye Londres, hay dos cosas para enmarcar: la primera es aquella escena en la que una muchedumbre corre angustiada y se ve cómo se cae al suelo y es pisoteada la muñeca que una niña llevaba entre sus brazos; y la segunda es el típico tipo con cartel anunciando el apocalipsis. Vamos, lo nunca visto en el cine.
Las escenas del gentío corriendo sólo agobian, no causan pánico, porque puedes comprobar que las cifras exageradas que dan los organizadores de las manifestaciones en las que aseguran que cincuenta personas caben en un metro cuadrado pueden ser ciertas.

Si el guión es malote a más no poder, los efectos no se quedan atrás. El monstruo está hecho al estilo japonés: tipo con disfraz destrozando maquetas y superposición de planos.
Lo que sorprende del disfraz del bicho es que mueva las orejas -supongo que planeará con ellas cuando salte- y la poca y repetitiva movilidad del resto del cuerpo. Las maquetas británicas son de una calidad muy inferior a las de los japoneses porque al menos, éstos se preocupan de llenar el interior de los edificios con mobiliario y muñecos igualmente destrozables. Aunque la única excusa de esta película es cargarse el puente y el reloj de Londres al más puro estilo Sex Pistols -de hecho, si le pones música del grupo, la peli gana muchísimo-.

El principal problema de esta película en el apartado visual es que el cuidado de los contrastes en la superposición de planos se lo pasan por el arco del triunfo. El truco de la superposición de planos se emplea durante toda la película, no sólo cuando aparece el monstruo. De esta forma, podemos ver barcas que flotan en una bañera con un plasma -bueno, ahora sería un plasma o un cromax y antes, la mayoría de las veces, se hacía con una pantalla en la que se proyectaba lo que fuese desde atrás y de forma invertida- al fondo emitiendo imágenes de lo ancho que es el mar y cosas por el estilo.
Otro gran problema de la cinta es el completo descuido -ya mencionado- al juntar planos diurnos y nocturnos. La escena que sirve de mejor ejemplo a este respecto es aquella en la que el bicho ataca a un portaviones dado que, cuando sale el monstruo es de noche y cuando sale la tripulación, de día.

Por lo demás, la película deja tanto que desear que ni siquiera dispone de más escenas suculentas dignas de ser comentadas. Alguien, a estas alturas, recordará el primer párrafo de la reseña, que habrá leído sin entender muy bien qué diablos hacía allí. La explicación es muy sencilla: 78 minutos, aunque no lo parezca, dan para mucho y tenía que proponer algo que hacer en lugar de ver este pestiño aburrido, para nada gracioso y más visto que el tebeo. Por ejemplo, ese precioso tiempo se puede emplear en escuchar un disco de Led Zeppelin, o en empezar a leer el Ulyses y decidir si se va a seguir leyendo o no. Pero, recuerda, si has leído el Ulyses y te quieres tirar el pegote, jamás digas que lo has entendido o nadie creerá que lo hayas hecho. Yo lo dije una vez en un pub de Irlanda y a los cinco minutos ya estaba en un avión, camino de España y escoltado por dos policías con malas pulgas. Si no me equivoco ésto sucedió hace cosa de 10 años y aún me quedan 15 para que me dejen volver.

Cutrez técnicaEstrella 4
Cutrez guion�sticaEstrella 5
Cutrez visualEstrella 4
InterésEstrella 2
PuntuaciónGlobal - 4.0

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9 Responses to “Gorgo (1961)”


  1. 1 El Mostro julio 25, 2008 en 12:31 am

    ¡La ví! En mis años mozos. Este sitio es lo más.

  2. 2 Té la mà Maria julio 25, 2008 en 11:57 am

    vengo de parte del Mostro, felicidades tienes un muy buen blog, que ratos nos han dado todas estas peliculas

    saludos desde Reus Catalunya Europa

  3. 3 Jorge julio 25, 2008 en 12:12 pm

    Bienvenidos a ambos.
    Mostro, el adjetivo “Fabulósico” me lo voy a apuntar porque es la coña XD
    Té la mà Maria, con lo de Reus valía, que luego la gente siente herida sus susceptibilidades y ésto no es un blog político… ya he tenido que borrar contestaciones a otros mensajes por chorradas similares.

    Salud a ambos!

  4. 4 Milgrom julio 25, 2008 en 12:42 pm

    Esta la vi hace poco y reafirmo todo lo que has dicho. Es un truñaco deleznable que ni tan siquiera te hace que encuentres algo para echarte unas risas a su costa.

  5. 5 darkerr julio 26, 2008 en 4:08 am

    Pues que los monstruos gigantes destruyan escenarios de carton ya daba su gracia, pero si aqui ni eso, pues tremendo bodrio ha de ser. En todo caso, buen dato sobre el “Ulyses”.

  6. 6 Mayor Reisman julio 28, 2008 en 11:27 am

    Buenas

    Yo también la vi de niño, en un cine de verano, e incluso entonces me pareció una copia mala de King-Kong. Y eso que en aquellos tiempos me tragaba cualquier cosa.

    Saludos

  7. 7 kike agosto 3, 2008 en 9:29 pm

    Jo, adoro GORGO. Me lo paso teta cada vez que la veo… pero no por que me haga gracia, ojo. Realmente la vivo.

  8. 8 alexis septiembre 12, 2009 en 1:58 am

    ¡Pues ya vas a tener razón, ya! En todo lo que te cargas y condenas al Gorgo este. ¡Seguro que si! Tu y todos los comentarios que se muestran de acuerdo. ¿Que voy a discutir yo de eso? ¡Nada en absoluto!
    … Lo que pasa es que yo soy bastante mas frikipatológico y pueril: Cuando algo dentro de mi coco advierte “¡una de mostruos!”, automáticamente ese mismo algo se auto-responde “¡BIEEEEEEEN!”… Sin mas.
    Vi “Gorgo” hace bastantes años. De video-club, en pleno auge del VHS. Y entonces ya no era un crio. Y la verdad es que ni siquiera recuerdo mucho la peli. Pero me suena que me resultó razonablemente disfrutable y nada mas que eso. Simple y llanamente porque era “una de mostruos”, y yo, con solamente eso, ya suelo tener bastante para refocilarme a gusto con la cosa. Y, así disfrutando, casi que ni siquiera me despistan las muchas “cantadas”, fallos ni aberraciones visuales y/o argumentales.
    ¡Y no me mireis asín! ¡Que los embobaos como yo también semos personas!

  9. 9 Jorge septiembre 13, 2009 en 9:47 am

    ¡Hombre, por descontado! (que la peli se puede ver y que eres persona)


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