Vuelo a Marte (1951)

Vuelo a Marte (Flight to Mars)
Banderas - EEUU
Año:
1951
Duración: 72 min.
Género: Ciencia Ficción
Director: Lesley Selander
Actores: Marguerite Chapman, Cameron Mitchell, Arthur Franz, Virginia Huston, etc.
Más datos en la IMDB

Minisinopsis: Cuatro científicos y un periodista se embarcan en la misión de llegar hasta Marte donde, como sospechaban, hay vida inteligente y de paso, negligente.

Si ya has visto la película, puedes seguir leyendo.

En efecto, “Vuelo a Marte” y “1951”, son dos elementos que al juntarse sólo pueden dar como resultado una cosa: mucho pulp, del latín “poly̆pus”, y este del griego “πολύπους”, pulpo. Y digo bien, pulpo, no pulp, porque es viscoso, si te agarra te hace ventosa y no te suelta, y porque para ablandarlo hay que darle una paliza contra las rocas. Lo “bueno” (hoy no gano para poner comillas) de que la Fantasciencia se junte con el pulp es que el batido suele ser francamente divertido porque tiende a pretendernos hacer creer que los extraterrestres visten a la moda parisina de los 50 o de la época que toque y cualquier otro dislate similar (qué bien queda la palabra “dislate”, es que me pegaría el día diciéndola). Sin más comentarios previos, vayamos al tajo:

Lesley Selander fue un director tremendamente prolífico que llegó a rodar casi 150 películas, gran parte de ellas de serie B y que nunca llegó a pasar de la corrección, pero en esta película podría haber sido sustituído tranquilamente por Clyde, ya sabéis, el orangután de Duro de pelar (James Fargo, 1978) porque es probable que hiciese todo el rato al equipo el gesto que el simio hacía cuando sacaba la mano por la ventanilla de la camioneta.
Los actores también son bastante correctos, salvo quizá Cameron Mitchell (Steve Abbott), que acaba siendo más forzado que la caja fuerte de la Reserva Federal Americana después de un holocausto nuclear. Pero el problema de Mitchell durante su carrera no es que se quedase en producciones de bajo presupuesto, sino que llegase a ponerse a las órdenes de Juan Piquer Simón, el mejor director de la Historia del Cine español (Dani, de Blogcaspa, dixit, que yo no dixo nada) en la gran superproducción internacional Supersonic Man (1979). Conste que todo ésto que he dicho sobre J.P.S. yo no lo comparto en absoluto, que no hace falta que vengan los señores de la camisa blanca que se pone al revés a llevarme a ninguna institución mental…
Por lo demás, hay una cosa que señalar por encima de cualquier otra: sea por la conservación de la copia original o por el montaje (soy bueno y digo que es por lo primero, aunque estoy convencido de que es por lo segundo), la película tiene unos saltos de fotogramas horribles, despreciables, pero la mar de divertidos, oiga, que parece que los tipos pueden trasladarse de aquí a allá de forma instantánea.
Y, of course, my darling, señalar el tema de los créditos -aunque ésto igual iba en el aspecto visual-, porque rebelan, digo revelan cómo Bill Gates ha ido copiando e incorporando los grandes inventos de la Humanidad a sus profamas ingromáticos. Y si no, ¿quién puede decirme que no copió estos efectos en su Word Art?

El guión ya lo hemos vivido en otras películas… en realidad, todas estas películas se parecen escandalosamente las unas a las otras, a saber: una nave aterriza en planeta aparentemente amigable pero, al final, los tripulantes de dicha nave tienen que salir por patas. ¿Cuántas películas se han visto así? Es más, ¿cuántas películas de las décadas de los 40 a 60 hay con la misma línea argumental? Aún así, como ya dije, el toque naíf de la fantasciencia pulp hace que el argumento importe menos que un repartidor de publicidad de Telepizza en la puerta del Bulli (a la entrada, que los que salen seguro que se piden alguna).

Y es que estas películas medio pulp, en general, resultan tremendamente inquietantes. En la que nos ocupa, por ejemplo, se manda a Marte a cinco personas, cuatro científicos y un periodista que cubra la noticia, dos de los cuales son más viejunos que el Señor Burns y se introduce a una mujer sólo por el hecho de crear un triángulo amoroso para llevar tensión al espacio exterior, porque se deja claro que sus conocimientos científicos son más que secundarios… hubiese resultado mejor mandar a Hugh Hefner con cuatro conejitas y que, al principio, dijese que se iba a casar con una de ellas, la cual acabaría heredando todo su imperio… ¡Un viejuno astronauta y tensión sexual y quizá hasta psicópata, y mucho más realista y agradable a la vista! (Salvo si Hugh se desnuda, por supuesto). Aunque, para tensión sexual espacial, qué mejor que el clásico Urotsukidôji (Hideki Takayama, 1989)… ¿o ésos eran demonios? Sí, creo que eran demoños. Bueno, no sé, da lo mismo, que rima con onanismo, que es lo que practicaban los otakus al ver dicho flim.

Aquí tengo que hacer un inciso para comentar algo sobre uno de los viejunos, el Profesor Jackson (Richard Gaines), un personaje extraño y especialmente existencialista, que hasta se atreve a enseñar las fotos de sus nietos, con lo que éso puede conllevar para el destino de la Humanidad. Viejunos inconscientes navegando por una galaxia llena de interrogantes… qué poético. Pero para poético, la imagen de la carta que escribe dicho personaje a sus seres queridos en el espacio, que parece que está copiando la de los cuadernillos Rubio o como se llamen ésos cuadernos para aprender caligrafía. Que digo yo que el hombre ya es muy mayor como para haber aprendido a escribir hace unos días… Bien, pues dicha carta es lanzada en un “cilindro espacial” con la idea de que llegue a la Tierra, como si no hubiese nada más en el espacio que pudiese atraerlo… cosas de la churrifísica, la andayáfísica o cualquier otra cosa física que escape de nuestro entendimiento.

Con este grupúsculo de gente nos montamos en una nave reciclada del clásico Cohete K-1 (Kurt Neumann, 1950) que no está mal del todo pese a que despeguen atados a literas. Lo que no sabía yo es que para viajar al espacio sólo hace falta ponerse un traje y una corbata, o un traje de avidor al más puro estilo Segunda Guerra Mundial… ahora sabemos por qué se acabó derrotando a la Luftwaffe cuando siempre se ha creído que éstos eran los que disponían de una mejor tecnología: todo era cuestión del forro del cuello de la cazadora.
Durante el viaje en el tupperware espacial (¿qué pasa? ¿conserva a los astronautas, no? y además, se nota que es una maqueta que cabe en un microondas), nuestros héroes sufrirán una extraña tormenta de focos rojos que simulan ser meteoritos (a mi no me la dan con queso) y que conseguirán romper un cable del interior de la nave. ¡Oh, es que ésto es buenísimo! Pero vamos a ver, almapollos, que se va a materializar la lógica y os va a dar con todo lo gordo en la cabeza, si ningún meteorito perfora el casco de la nave, ¿cómo diablos va a romper un cable que está dentro? Pues ahí está, roto. Es el espacio, que está lleno de incógnitas y misterios ¡uhuu!… debe de.

Pero el acabose comienza cuando llegan a Marte. Obviamente, los astronautas salen de su nave con las cazadoras de aviador y una especie de respirador como los que usan los pilotos que luego se demuestra -si no lo estaba ya- inútil. La temperatura media de Marte es de -63ºC, con lo que podemos deducir que cada uno se ha metido un litro de vodka para no sentir el frío, porque si no, no me lo explico. Igual ésto era lo llamado Guerra fría. Se llamase como se llamase, lo mejor es la inclusión profética en la peli de los teletubbies, porque a mi que no me digan lo contrario, éso que nos hacen creer que son marcianos son teletubbies, que te pones a mirar a los lados del plano buscando las flores bailarinas y demás seres perversos de la serie.
Aquí, al teletubbie azul le llaman Ikron (Morris Ankrum), es el presidente del consejo marciano (que es ése consejo que dice que hay que esperar dos horas para meterte en el agua después de comer) y afortunadamente no baila ni hace el gili; por contra, mata la magia de la televisión a todos los niños del Mundo (ser despreciable donde los haya) quitándose el traje y revelando que es un humano que ha aprendido inglés captando ondas de radio. Amos, amos, amos… sí que están avanzados los marcianos, que aquí tenemos que encontrar la Piedra Rosetta para empezar a entender una escritura y allí, con escucharlo, ya lo pueden aprender… pues yo, por mucho que escucho a mi perro no puedo saber qué me quiere decir… bueno, algunas veces sí, pero me hago el tonto, como cuando dice “agf, agf” y se agarra a la pierna de alguien con movimientos espasmódicos.

Una vez hayan bajado por el ascensor a la ciudad subterránea que canta excesivamente que está pintada… aunque en realidad todos los fondos cantan demasiado por estar pintados (y mal, añado, porque además, el efecto de la nave de cartón por la ciudad no tiene palabra para definirlo)… nuestros héroes soltarán un ¡oh! ante lo que se presenta a sus ojos. ¿Qué se presenta a sus ojos? Pues yo creo que, de haber girado a mitad de camino y vuelto a la Tierra, la impresión hubiese sido la misma. ¿Pero qué digo? ¿qué impresión? Vamos, no sé, yo me encuentro un grupo de teletubbies en Marte y me da un infarto; si a éso le sumo el hecho de que el mobiliario, las telas, los objetos -hasta tienen pajas para las bebidas-, etc. son iguales a los de la Tierra, pero iguales iguales, que hasta usan el mismo sistema métrico, el infarto es triple con tirabuzón. A éstos se la suda, y perdón por ser tan soez, pero es que se la suda de verdad, no hay otra forma de describirlo. Pero lo mejor de este Sindiós (como decía Saza en la obra maestra Amanece, que no es poco (José Luis Cuerda, 1989) mientras disparaba al sol) es la moda: tacones de 30 centímetros, minifaldas, hombreras ochenteras y trajes marcianos con iconografía incluída que bien podrían haber sido sacados de Plan 9 y que acaban por redondear una estética que sólo podría haber sido un poco más ridícula poniendo un poster de Ete y el Oto (Manuel Esteba, 1983) en la pared.

Bueno, el resto ya se puede imaginar. Como en todas estas películas están los marcianos buenos y los malos que ayudarán o entorpecerán, nuestros héroes intentarán arreglar su nave lijando una barra de hierro (porque es el único trabajo que parece que hacen), los marcianos les mostrarán fotografías de la Tierra (ufff… otra cosa prodigiosa) y, entre que se escapan y que no, se pondrán a jugar al Bridge (te lo juro, osea) con unas cartas que supongo les proporcionarían los marcianos.

Cuando veo películas de éstas no puedo sino preguntarme qué es lo que pensaba todo el equipo cuando las rodaba. Vale, la emoción del escritor de la historia está justificada pero, ¿el resto? Y, sobre todo, ¿qué pensaría el equipo después de ver cómo han evolucionado los vuelos espaciales? No sé por qué, nunca obtengo una respuesta coherente; me pongo a pensar en Pimkywinki o como demonios se llame el teletubbie ése y maldigo al que mató a Lee Harvey Oswald o al que capturó a Manson porque estoy convencido de que, de haber visto a Pimkywinki, éste no hubiese respirado dos veces antes de que una bala milagrosa desparramase sus sesos por el plató de la BBC. ¡Ay, que se me va la pinza! ¡Que demonios, que la peli sólo dura una hora y la fantasciencia siempre es entretenida!
Y, para terminar, al hilo de lo de aprender inglés escuchando ondas de radio, no puedo sino citar uno de los pocos poemas que se me quedaron en la cabeza cuando hacía que estudiaba, que no es otro sino éste de Leandro de Moratín que puede explicarlo todo:

Extrañose un portugués
de que en su más tierna infancia
todos lo niños de Francia
supieran hablar francés.
“Arte diabólica es,
-Dijo, torciendo el mostacho-
que para hablar en gabacho
un hidalgo en Portugal
llega a viejo y lo habla mal
y, aquí, lo parla un muchacho.

Cutrez técnicaEstrella 4
Cutrez guion�sticaEstrella 5
Cutrez visualEstrella 5
InterésEstrella 3
PuntuaciónGlobal - 4.5

8 Responses to “Vuelo a Marte (1951)”


  1. 1 g0rb1s junio 16, 2008 a las 6:39 pm

    Oyes, el cartel de esta peli también mola un güebo, eh?

  2. 2 Jorge junio 16, 2008 a las 11:06 pm

    Pues no, Tweaker, yo también pensaba lo mismo, pero la temperatura a lo largo del año marciano oscila entre los 20ºC y los -80ºC, y la media es de -60ºC.

    Lo del viaje no lo comentan, pero yo diría que les cuesta un día XD

    Salud!

  3. 3 Milgrom junio 17, 2008 a las 2:16 pm

    Ya era hora de que volvieras tío. Me encantan los trajes de los marcianos, ya tengo disfraz para salir en San Juan, jeje.

  4. 4 g0rb1s junio 17, 2008 a las 9:06 pm

    Hay que disfrazarse en San Juan? Eso para mi es nuevo!

  5. 5 troncha junio 25, 2008 a las 10:49 am

    Después de leerte, me hago una pregunta, la atmósfera de Marte era irrespirable, porque todos salen como con mascarillas y trajes, para los terrestres lo entiendo, pero coño para los marcianos vaya putada tener que vivir en un planeta que para ir a la playa o al monte te tengas que disfrazar de teletubbie.

    Hala intenta arrojar luz sobre mi duda.

    Saludos…

  6. 6 Jorge junio 25, 2008 a las 11:12 am

    Muy bien observado, troncha, porque no lo he comentado y la cosa tiene su miga. A saber:
    – Cuando los humanos salen de la nave van con las máscaras de piloto.
    – Cuando aparecen los marcianos van con la escafandra teletubbie.
    – Poco después, los humanos se quitan las máscaras porque dicen que la atmósfera es respirable.
    – Como los marcianos son iguales a los humanos -en todo, no sólo físicamente-, supongo que ellos tampoco tendrían por qué llevar escafandra alguna.
    – Por suponer, habría que suponer que la atmósfera de Marte se ha vuelto con el tiempo irrespirable para los marcianos. Mmm… viendo lo que puede pasar en la Tierra, quizá no sea tan descabellado.
    – Pero finalmente, me decanto por que es la estupidez de una mente perversa la que llega a pensar que un marciano no puede respirar en la atmósfera de un planeta en la que un terrestre sí que puede. ¿Mucha bebida? Tal vez. La fantasciencia es así, no hay que darle demasiadas vueltas… está llena de cosas absurdas.

  7. 7 darkerr junio 25, 2008 a las 9:21 pm

    Ja, ja, que maravilloso post, ya me dieron ganas de ver la pelicula, que seguro va a divertir mucho involuntariamente, que es cuando mas risa da. Saludos¡¡¡.

  8. 8 kike agosto 3, 2008 a las 9:30 pm

    Un poco rollo esta, la verdad.


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