El conquistador de Mongolia (1956)

El conquistador de Mongolia (The Conqueror)
Banderas - EEUU
Año:
1956
Duración: 111 min.
Género: Acción, Aventuras e Histórica
Director: Dick Powell
Actores: John Wayne, Susan Hayward, Pedro Armendáriz, Agnes Moorehead, etc.
Más datos en la IMDB

Minisinopsis: La historia (muy tergiversada) de cómo Temujin llegó a convertirse en Gengis Kan, el gran conquistador mongol.

Si ya has visto la película, puedes seguir leyendo.

La historia de El conquistador de Mongolia es la historia de una maldición radiactiva, pero también es la historia del caos y el mal oficio.
La maldición consiste en que la película fue rodada en los desiertos y planicies de Utah, cerca de lugares donde el ejército estadounidense hacía pruebas nucleares, pero el cartel de “Nuclear Testing Ground” debía de haberse caído el día que entraron a rodar. De esta forma, la mayor parte del equipo se vio expuesta a la radiación y la que no lo fue entonces no tuvo más que esperar a que el equipo volviese al estudio llevando consigo cantidad de polvo y arena radiactiva del desierto. A partir de entonces, un numeroso grupo de personas que habían trabajado en la película desarrollaron un cáncer en las dos décadas siguientes, incluyendo a los tres protagonistas principales: John Wayne, Susan Hayward y Pedro Armendáriz, y al director Dick Powell. En total, 91 de los 220 miembros del rodaje contrajeron un cáncer y la mitad de ellos murieron por la enfermedad, y este número no incluye ni a los numerosos nativos americanos que participaron como extras, ni a aquellos que visitaron el rodaje puntualmente. Ésta fue la última película que produjo el famoso Howard Hughes, y no me extraña para nada.

La historia del caos y el mal oficio se divide en dos: por un lado los actores, la dirección, el montaje, el sonido y la cargante música, y por otro el penoso guión de Oscar Millard que se pasa la historia verdadera por el Arco del Triunfo.
Alguien podría pensar “¡Oh, John Wayne! ¡Nunca podría estar mal, con lo peazo de actorazo que era y lo bien que estaba en los westerns de John Ford!” y tendrá razón, porque si coges a Temujin-Wayne y lo plantas en Río Bravo con otro vestuario da el pego totalmente. El problema es que subieron a Wayne a un caballo y se pensó que estaba en el Oeste y que tenía que cargarse a un grupo de forajidos y su interpretación se encamina hacia éso en lugar de ponerse en la piel de un mongol del siglo XII, así que queda más forzado que Robocop disfrazado de Ronald McDonald repartiendo caramelos a los niños del gueto de Varsovia. Algo muy similar le ocurre a Pedro Armendáriz (Jamuga) aunque su interpretación es mejor que la de Wayne y, ojo, no digo que el reparto no esté lleno de buenos actores, sólo digo que en esta película en particular dan ganas de renegar de ellos.

Pero si lo de Wayne y Armendáriz es humillante, lo de la “más romana que tártara” Susan Hayward (Bortai) es más confuso que dar cien vueltas sobre uno mismo e intentar enebrar una aguja. De entrada, si a Wayne y a Armendáriz les aplican un maquillaje justito para parecer mongoles, a la Hayward la dejan tal cual, porque es tártara, claro, no es mongol y hay que hacer una distinción, pero oiga, que su padre es asiático, que tiene los ojos achinados… que los tártaros no es que tuviesen mucha pinta de occidentales que digamos y menos los de la parte de China o Kazán. Maquillajes al margen, la interpretación de la Hayward va acorde con su papel inmaduro e increíble en el que interpreta más a una Cleopatra trasportada en el tiempo que a otra cosa.

Pero no sólo los actores hacen un trabajo “excedente” en esta película negando su propia carrera. El director, Dick Powell, se cubre de gloria sobre todo y ante todo en escenas como la batalla final entre los mongoles y los tártaros que podría haberse convertido en una escena antológica por sus dimensiones y acaba convirtiéndose en una sucesión rápida de pequeños duelos a caballo de lo más absurdo.

El guión es como para encarcelar a Oscar Millard y tragarse la llave. La cuestión es que si haces una película histórica y biográfica tienes que basarte en la historia y la biografía del personaje. Por contra, si haces una película fantástica basada en algún suceso o personaje puedes hacer lo que quieras, porque es fantástica… como si pones al Pato Donald de emperador de Roma, oiga.
La línea de sucesos de la película es la siguiente: Temujin se encuentra con una carabana de merkitas que pasa por su territorio llevando hacia el campamento a Bortai, la esposa tártara del jefe merkita. A Temujin se le cruza la Bortai y dice que o es para él o no es para nadie, así que la rapta junto con su hermano de sangre Jamuga, poniendo más en su contra a los merkitas y los tártaros (quienes, por cierto, mataron a su padre Yasuguei). Para derrotar a los merkitas y los tártaros, Temujin viaja hasta Urga (Ulán Bator) para forjar una alianza con un tal Wang Kan (Thomas Gomez). A su vuelta es capturado por los tártaros, pero Bortai lo libera porque su amor hacia él es mayor que su odio; a todo ésto, Jamuga ha intentado rescatarlo pero también lo han capturado, de modo que se hace pasar por un traidor para que no lo maten. Una vez Temujin ha vuelto a su campamento, se reúne con el chamán (John Hoyt) de Wang Kan quien, viendo que el mongol está destinado a ser un gran líder, decide traicionar a su jefe y abrir las puertas de Urga para que Temujin la conquiste. Temujin es nombrado Kan en Urga y, con los ejércitos reunidos, ataca y derrota a los tártaros con el beneplácito de la propia Bortai, hija del jefe tártaro.

Bueno, ésa es la línea de la película. Ahora vayamos por partes fijándonos en la historia de verdad:
– Bortai era de la tribu Onggirat, una tribu hermana de la de Temujin y para nada era hija de un tártaro, ni siquiera de un pastelero. Su matrimonio fue concertado entre ambas tribus.
– La historia de los merkitas es la siguiente: El padre de Temujin, Yasuguei, había secuestrado a su mujer de un campamento merkita. Como venganza, éstos raptaron a Bortai, e hicieron que Temujin arrasase uno a uno sus campamentos hasta encontrarla. Estas campañas iniciaron lo que sería la carrera de Temujin como conquistador que siguieron con la unificación de todas las tribus y la derrota de los tártaros.
– Urga fue un monasterio fundado en 1649. Hablamos de cinco siglos después de lo que se dice en la película y hablamos de un monasterio, no una ciudad, que más tarde prosperó y pasó a ser Ulán Bator, capital de Mongolia. Wang Kan no tengo idea de quién es.
Jamuga, hermano de sangre de Temujin, realmente llegó a traicionar a éste y a ponerse en su contra. Sin embargo, muchos de sus hombres prefirieron seguir a Gengis Kan, dejando a su líder natural abandonado a su suerte.
Con estos pequeños datos a los que cualquiera puede tener acceso -y digo cualquiera porque yo sólo soy un aficionado a los documentales de Historia y a, muy de cuando en cuando, leer cosas sobre Historia en general- no sé dónde queda el guión de Oscar Millard.

Pero las bondades del guión no se quedan ahí. Está claro que una producción de la década de los 50 tenía que tener una historia épica de amor y, por supuesto, bailecitos.
La historia de amor entre Bortai y Temujin podría haberse reducido a la verdadera, y probablemente hubiese sido mejor que la de la película, porque el rapto de ésta por los merkitas y su posterior rescate ya hubiese supuesto un elemento épico de por sí. Pero para Millard no fue suficiente y lo que crea -o destruye- es un irrisorio tira y afloja en plan lo odio pero es irresistible por parte de Bortai que hace que desee hasta la muerte de su propio padre y la derrota de su pueblo para que su amado-odiado se salga con la suya. De lo más lógico. Un tipo bastante retorcido este Millard que llega a hacer que Wayne tenga que pronunciar cosas como “Me quedaré contigo y, correspondiendo a mi pasión, tu odio dará paso al amor“. ¡Dios! ¡Es como una apología a la violación! ¡Este tipo tendría que estar entre rejas! Pero bueno, lo que tenga que pronunciar Wayne es secundario porque todo el mundo sabe que los mongoles sólo tenían medio cerebro y lo usaban para montar a caballo, así que sus diálogos eran bastante estúpidos, del tipo “Es una mujer, Jamuga, ¿acaso su porfidia debería ser menos que la de otras mujeres?“… pues no sé, Temujin, mira a ver lo pérfida que es tu madre y luego me cuentas.

La obsesión por los bailecitos en el Hollywood de los 50 -y otras décadas- no tiene nombre. Me ocurre como con lo de que salga gente en pelotas: si el guión pasa por ese camino me parece muy bien, pero hacer que el guión coja un atajo para enseñar un baile o un par de pechos, pues oiga, como que resbala bastante y, sobre todo en el caso que nos ocupa, como que es metraje que se podrían haber ahorrado. Ahora bien, lo mejor de ésto es que los bailes se producen principalmente cuando Temujin llega a Urga y Wang Kan le agasaja con bailarinas de Samarcanda. Samarcanda está en Uzbekistán, no en Tailandia, en la otra punta de Asia. Lo digo porque los bailes que se muestran son propios de Tailandia o la zona de Indonesia, no de Uzbekistán. Pero bueno, da igual porque son asiáticos y todo vale. Lo que no creo que valga es que una de las bailarinas lleve un traje trasparente y un sujetador porque dudo que existiese la licra y el sujetador en el siglo XII. Como digo, son 20 minutos que podrían haberse ahorrado de los 111 que dura la película.

El aspecto visual es quizá el que más se salve en la película. Los decorados naturales de Utah tienen una similitud aceptable con el desierto del Gobi y el vestuario no está del todo mal.
Lo que supone un gran impacto es ver a actores occidentales o nativos americanos interpretando a chinos y mongoles como si nada. Es como poner a Fernando Fernán Gómez interpretando a Mata Hari. Para muestra, un botón, o una foto de unos señores mongoles pasando el rato:

Y aquí unos señores occidentales haciendo de orientales sin demasiada dicha:

Otra cosa curiosa es que, mientras que en los poblados se recrean bastante bien las cabañas desmontables de los mongoles, de cuando en cuando sale alguna que parece haber sido comprada en el Decathlon.
Y Urga es una mezcla de culturas genial en la que hasta se llega a ver pasar al propio Lawrence de Arabia por entre un grupo de chinos. Pero estamos en las mismas que con los bailes: ambos son asiáticos, ergo cuela.

Resumiendo, El conquistador de Mongolia es un fracaso estrepitoso como intento de recrear la historia de un personaje mítico (para una buena recreación recomiendo Mongol, de Sergei Bodrov, 2007) que de haber durado 90 minutos podría ser bastante más aceptable dentro del género de la fantasía. Aún con todo, es una de esas películas de tarde de domingo que, por desgracia las cadenas televisivas han decidido sustituir por esas basuras de productos pseudo-basados-en-pseudo-historias-pseudo-reales que no otorgan ni un 10% del entretenimiento que regalan películas como El conquistador de Mongolia.

Cutrez técnicaEstrella 4
Cutrez guion�sticaEstrella 5
Cutrez visualEstrella 3
InterésEstrella 2
PuntuaciónGlobal - 4.0

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11 Responses to “El conquistador de Mongolia (1956)”


  1. 1 Juan Ivan abril 25, 2008 en 1:47 pm

    El mitico cowboy haciendo de mongol? Jesucristo! Como anecdota cabe señalar que el guionista del film, Oscar Millard ya se frotaba las manos imaginando su guion siendo declamado por Brando,y se le cayeron los huevos al suelo al saber que quien encarnaria Khan no sería otro que El Duque ,con su acento tejano (Brando estaba atado a la Fox para interpretar a Napoleon en “Desiree”, otro que tal baila… xDDD)

    “Por esta pelicula, sus autores deberian estar en carteles de “Se Busca”

    The Manchester Guardian.

  2. 2 Mayor Reisman abril 25, 2008 en 3:48 pm

    Buenas

    La verdad es que cuando leí que John Wayne hizo de Gengis Khan se me cayeron los ojos de las órbitas. ¡Qué horror! Todavía no me he animado a bajarmela. Ya tuve bastante con “Inchon”. De esta solo he visto los cortos que hay en youtube y ya está. Madre mía, es que se nota que es mala a la legua.

    Es curioso, pero Gengis Khan ha tenido muy mala suerte con sus adaptaciones cinematográficas. Recuerdo que la de Omar Shariff también era horrorosa y eso que estaba hecha 10 años despues

    Un saludo y enhorabuena por el completisimo post.

  3. 3 epidefrinaman abril 25, 2008 en 4:44 pm

    Cualquier mongol que viese esta cinta le cortaría los huevos al bueno de John Wayne. Si quereis buen cine de mongoles pillad ¨El cazador¨ de Kurosawa o ¨Urga¨ (la escena del mongol contemporaneo soñando que se encuentra con Gengis Khan es desternillante).

  4. 4 Milgrom abril 25, 2008 en 4:50 pm

    Pues es un entrañable pedazo de mierda, es extravagante, surrealista y ultrakitsch. La he visto un par de veces y siempre con una sonrisa en los labios…

  5. 5 epidefrinaman abril 25, 2008 en 8:22 pm

    Y los bailecitos…pues después de ver el de ¨La tumba india¨, como que uno queda con los ojos como platos y la lengua fuera arf,arf!.

  6. 6 Vinagre Asesino abril 30, 2008 en 1:12 pm

    ¿John Wayne vestido de mongol? Me parece que me la perderé :)

    Un saludo avinagrado.

  7. 7 Jorge mayo 4, 2008 en 12:11 pm

    De vuelta al mundo real…

    – Juan Iván: No conocía las intenciones de endosarle esta cosa a Brando… Afortunadamente, el lado bizarro de esta película se ve acentuado por el Wayne. Y digo afortunadamente porque, como se suele decir, “de perdidos, al río”.

    – Reisman: Como dice Milgrom, es un entrañable pedazo de mierda bastante irrisorio y entretenido cosa que, sospecho al 100%, no pretendían los productores. Bájatela, que para una tarde de domingo viene bastante bien.

    – epidefrinaman: “Dersu Uzala” es una película que cualquier Ser Humano que quiera ser Humano debería de ver. “La tumba india” (Supongo que te refieres a la de Lang) es una de esas pelis que siempre he querido ver y nunca lo he hecho… nunca es tarde.

    – Milgrom: Coincido contigo (véase comentario a Reisman)

    – Vinagre: ¡No, no, no! Hay que ver las películas a las que les pongo más de un 1 en interés porque cada cual tiene lo suyo.

    Salud a todos!

  8. 8 troncha mayo 7, 2008 en 12:17 pm

    Muy buena la imagen de Wyne, da igual que sea vaquero, que sea mongol, que sea lo que sea, la pose siempre es la misma.

    Animo monstruo, jajajajaja.

    Saludos…


  1. 1 Off-blog: El laboratorio de energía atómica U-238 de Gilbert « ¡Qué grandes son las pelis cutres! Trackback en julio 22, 2008 en 10:41 am
  2. 2 Pasa en el cine, pasa en el fútbol Trackback en agosto 17, 2008 en 3:17 pm
  3. 3 Anónimo Trackback en septiembre 24, 2011 en 3:24 am

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