Viaje al séptimo planeta (1962)

Viaje al séptimo planeta - Cartel

Viaje al séptimo planeta (Journey to the Seventh Planet)
Banderas - EEUU Banderas - Dinamarca
Año:
1962
Duración: 77 min.
Género: Ciencia ficción
Director: Sidney W. Pink
Actores: John Agar, Carl Ottosen, Peter Monch, Ove Sprogøe, etc.
Más datos en la IMDB

Minisinopsis: En el año 2001, una expedición de las Naciones Unidas (único gobierno de la Tierra) al planeta Urano descubre un extraño mundo que se parece demasiado a sus recuerdos y pensamientos.

Si ya has visto la película, puedes seguir leyendo.

 

Cutrez de culto

Hay una especie de pseudociencia alrededor de los nombres que dice que, según te llames, así serás. No hay que practicar esta pseudociencia para determinar que si un tipo se llama Sidney Pink no puede llegar muy lejos… ni muy cerca… incluso uno podría deducir que no va a llegar, sin más, y se va a quedar a las puertas de lo que sea que se proponga hacer. Es lo mismo que le pasará a Jennifer de la Concepción o a Kevin Costner de Jesús (Ambos nombres reales dados de alta en el registro en España), que con ése nombre poco o nada podrán hacer con sus vidas salvo darse a la drogaína, lamer ladrillos o arrastrar piedras atadas a una correa. En efecto, Sidney Pink fue, como su nombre indica, un tipo que debió dedicarse al air-hockey, los bolos, dardos o cualquier otro deporte de tasca antes que meterse a director. Sin embargo y por decir algo bueno de su cine, sus películas como director, productor o guionista son tan malas que te aseguran unas risas.
El reparto está compuesto por un amasijo de actores de oficio y actores de beneficio que parece una macedonia a la que le han puesto trozos de pescado. John Agar (Don Graham) hizo carrera en entre los años 50-70 con una suerte dispar en películas del Oeste y bélicas principalmente; Carl Ottosen (Eric) fue un actor secundario danés que también trató de ganarse la vida como director y guionista; Ove Sprogøe (Barry O’Sullivan) fue otro actor danés, esta vez no tan secundario, de carrera muy extensa y que obtuvo mayores éxitos que el anterior; y Peter Monch (Karl), afortunadamente, sólo rodó esta película. El resultado de esta macedonia es bastante desconcertante.
Sin embargo, las actrices que aparecen en la película, comparadas con sus compañeros masculinos, están bastante en su sitio. Ellas fueron: Ann Smyrner (Ingrid), Greta Thyssen (Greta), Ulla Moritz (Lise), Mimi Heinrich (Ursula), Annie Birgit Garde (Ellen) y Bente Juel (Colleen). Aunque tengan los papeles secundarios -y ridículos-, sus interpretaciones están por encima de los protagonistas -cuyos papeles también son ridículos-.
Del resto del apartado técnico hay que mencionar, por obligación, la canción que se cascan al final en plan James Bond que, sumada a la intensidad interpretativa de los protagonistas -más o menos como una bellota haciendo de Hamlet o una castaña de Otelo– y a los vestiditos que me llevan las féminas, dota a la película de un glamour que, oyes, no tiene cualquier flim, pinícula, celuloide, negativo o positivo.

Viaje al séptimo planeta - Fotograma 02

 

Pero vamos ya con la parte del guión, que cuando uno ve determinadas cosas se plantea por qué no escribe alguno (la respuesta es “porque lo mismo piensan los críticos de cine que se meten a directores y acaban cortándose las venas de las porquerías que hacen”). La secuencia de acciones de la película es: Despegamos, aterrizamos, uy que raro es ésto, mujeres, monstruo, mujeres, monstruo, mujeres, monstruo, mujeres y despegamos. Cualquiera que lea lo anterior podría pensar que con tanto monstruo y mujer me refiero a la película Porky’s (Bob Clark, 1982) -qué gran peli de mi infadolescencia-, pero no, amiguitos, es una película de astronautas salidos, mozas en salto de cama y cerebros espaciales que, bien analizado, es bastante más perverso.
Lo bueno que tiene la película es que no engaña y ya desde las primeras escenas te pone en aviso sobre lo que vas a ver a continuación. Y lo que vas a ver es a una panda de salidos espaciales, insisto. Valga como prueba este diálogo al comienzo:

– Don: “Soy como el Comandante, el espacio es mi vocación. Las mujeres mi adoración, como la comida para Barry. O’Sullivan, todos tenemos algún vicio”
– Barry O’Sullivan: “El mío es más seguro que el tuyo. Y éste es mi consejo para Karl si piensa en mujeres.”
– Don (dirigiéndose a Karl): “Tienes mucho tiempo, muchacho.”
– Karl: “En Alemania, en donde vivía, había una chica, Úrsula. Pero no llegué a conocerla bien.”
– Don: “Quizá cuando lleguemos te consiga una cita. Había una chica, Lisa, una verdadera mujer. También era alemana. Una experta en Biología de la ONU, ¡y qué biología la suya! Ójala le hubiese enseñado mi propia biología.”

Este tipo de diálogos se mantiene durante todo el desarrollo porque, de hecho, son el eje central de lo que les sucede en Urano. Y es que la cuestión de que haya un extraterrestre que sea capaz de hacer realidad los deseos más profundos de nuestros astronautas y que no dejen de aparecer mujeres es harto sospechoso. Si me pasase a mi, por ejemplo, aparecería un bloque de foie fresco a la plancha con una salsa de frutos rojos, una tonelada de anacardos, una Wii y un punch-ball con la cara de Bush, entre otras muchas cosas… no aparecerían mujeres en salto de cama porque mi novia me restregaría el foie por la cara, me tiraría los anacardos encima, me ataría al punch-ball y me pegaría con el nunchaku de la Wii. En cualquier caso, el machismo reinante en la película es tan grande como grotesco.

Viaje al séptimo planeta - Fotograma 05 Viaje al séptimo planeta - Fotograma 06 Viaje al séptimo planeta - Fotograma 07 Viaje al séptimo planeta - Fotograma 08

Pero, pese a que esta característica que he comentado sea el núcleo del guión -no es que unos astronautas vayan a Urano y les pasen cosas fascinantes, es que los astronautas son unos salidos, lo digo por tercera y última vez- y, aunque parezca mentira, hay más cosas que destacar.
Como buenos astronautas que van a un planeta que está a -200ºC tienen que llevar armas. Es lógico porque uno puede encontrarse con pingüinos cabreados armados con lanza-cubitos, camellos con abrigos de pieles que escupan -hay que tener en cuenta que un escupitajo de un camello, a la velocidad que va y con la temperatura de Urano, se congelaría por el camino y se convertiría en un proyectil mortal- y cosas similares. De otra forma, no podría explicarse que lo primero que hacen los “astrosalidos” cuando salen del cohete sea coger sus armas.
También hay que mencionar -lejos de las escenas que contienen efectos visuales-, la parte en la que Don cae en las nieves movedizas. Tal cual. Las nieves movedizas de amoniaco. ¡Dios, qué maravilla! ¡Cuántos estragos causó el ácido en el cerebro de Sydney Pink!
Y el tema de la gravedad, y es que sólo hay ausencia de gravedad cuando el cohete penetra en la atmósfera (o lo que sea) de Urano, y ésto queda visualmente registrado porque un tío fuera de plano tira de un cordel para que se eleve una manzana… pero sólo la manzana, que el resto de las cosas del cohete siguen en su sitio. Cualquier sospecha que haya levantado esto último sobre la posibilidad de que Pink se pasase la gravedad por el arco del triunfo se verá corroborada cuando vea que los astronautas caminan por la superficie de Urano como Pedro por su casa.

Viaje al séptimo planeta - Fotograma 03

Lo del apartado visual no tiene precio.
Empezamos porque todas las imágenes de los despegues del cohete son imágenes grabadas por la NASA, imágenes de archivo, vaya. Las escenas exteriores del cohete y los planetas están rodadas con unas maquetas más simples que un mono con un plátano. El interior del cohete está lleno de medidores, pantallas con colores y botoncicos la mar de majos. Ahora entiendo por qué hay tan pocos astronautas: porque cuando los candidatos ven que se van a tener que estudiar para qué demonios sirve cada botón, se echan para atrás y se meten a fontanero, que seguro que ganan el doble aunque no sea tan prestigioso.

Viaje al séptimo planeta - Fotograma 01

Los trajes espaciales están geniales. El traje, en sí, es una especie de neopreno azul dos tallas por encima de la del astronauta, unas botas de montaña coloreadas, un casco amarillo con una visera (que, obviamente, de hermetismo, cero), y unos guantes que dan ganas de pasarles un Fairy a los tipos porque son como los que venden en los chinos para fregar. El “superarmalaser” es un mp40 modificado que dispara rayos “chun-chun” que se supone que serán láser, pero no me fío, oiga, no me fío, que con tanto salido vaya usted a saber lo que sale por el cañón de la pistolica.

Viaje al séptimo planeta - Fotograma 10

Y luego tenemos a los monstruosísimos monstruos monstruosos. El primero es la rata gigante… ¿Rata gigante? Éso dicen. Karl explica que tiene un miedo grandísimo de la muerte a las ratas y que por éso el extraterrestre malote les saca una rata gigantesca -ésto me recuerda al muñequito de los marshmallows– ¿Rata gigante? ¡Anda ya! ¡Si es un dinosaurio-cíclope que parece un tyrannosaurus mal hecho y mal animado con stop-motion! ¡Pero dónde ven éstos a una rata gigante! Está bien, hagamos el juego de buscar las diferencias. El primero que cuente 50 ó 100 diferencias entre una y otra imagen -y mira que la rata que pongo tiene mala leche- gana el orgullo de haber sido el primero en encontrarlas sin que nadie más lo sepa:

Viaje al séptimo planeta - Fotograma 009 Viaje al séptimo planeta - Rata

La película cuenta con otro monstruo gigante: la tarántula. Vuelvo a empezar. La película roba la escena de la tarántula gigante de La araña (Bert I. Gordon, 1958). Solo que, como La araña era en blanco y negro, tuvieron que colorear las escenas para que no desentonasen y le añadieron el audio de un tipo imitando a un cerdo siendo degollado. No hay más comentarios porque creo que con éso se dice todo.
Y, por supuesto, el alienígena maloso que quiere destruir a los astronautas salidos que no es otra cosa más que un cerebro con un ojo en la parte superior del que salen espirales de colores. Para el que no sepa de simbología básica, espiral de color igual a control mental, de toda la vida. Lo que no sé es qué diablos quieren decir las luces difuminadas que se supone que también proyecta el bicho… ¿que va conduciendo de noche y borracho? Quién sabe. De cualquier forma, lo que al principio es un cerebro con un ojo acaba convirtiéndose en unos callos a la madrileña con un ojo. Está bien, no hay chorizo ni nada por el estilo, pero parece un amasijo de callos. Un engendro de la imaginación calenturienta de los encargados de efectos que, además, viene acompañado de una voz en off muy cansina que no para de decir que va a destruir a los astrosalidos.

Viaje al séptimo planeta - Fotograma 11

Como se habrá podido deducir por los comentarios, Viaje al séptimo planeta es una película cutre a más no poder pero, afortunadamente, no tiene un guión y una realización que la hagan infumable, sino más bien lo contrario porque es una película muy mala pero suficientemente entretenida y suficientemente corta como para resistirlo. ¡Larga vida a los astrosalidos!

Cutrez técnicaEstrella 4
Cutrez guion�sticaEstrella 5
Cutrez visualEstrella 5
InterésEstrella 3
PuntuaciónGlobal - 4.5

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3 Responses to “Viaje al séptimo planeta (1962)”


  1. 1 Mayor Reisman diciembre 5, 2007 en 2:18 pm

    Buenas

    Despues de ver el trailer no se si ver la película o hacerme de la secta Moon.

    Por cierto. El casco les hace parecer clones azules de la Hormiga Atómica.

    Un saludo

  2. 2 Fantomas diciembre 6, 2007 en 12:32 am

    Hola,

    Como siempre muy divertidas tus críticas. Esta película se ve por lo menos pasable….pasable con unos buenos tragos en el cuerpo.

    Saludos

  3. 3 jimmy agosto 21, 2012 en 8:48 pm

    A mi me entretuvo mucho, cuando niño…..la recuerdo hasta con cierta nostalgia, la que nace de la inocencia de un niño….


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