
Androcles y el león (Androcles and the lion)

Año:1952
Duración: 98 min.
Género: Comedia y Drama
Director: Chester Erskine
Actores: Jean Simmons, Victor Mature, Alan Young, Robert Newton, etc.
Más datos en la IMDB
Minisinopsis: En el 161 después de Cristo el emperador Antonino demanda el sacrificio de cristianos en la arena de El Coliseo de Roma. Androcles, un sastre que adora a los animales, será capturado y llevado a los juegos junto con otros hermanos de religión.
Si ya has visto la película, puedes seguir leyendo.
(Película recomendada por Germín)
Victor Mature es al cine en blanco y negro -y parte de color- lo que podrían representar Arnold Schwarzenegger, Van Damme, Stallone, etc. No me refiero a que Mature fuese un supercachas de películas de acción, no, me refiero a que tú podías decirle a Mature: “Mature, chaval, ponme cara de estreñido”, y Mature ponía cara de estreñido…. “Mature, ponme cara de estar muriéndote de risa”, y Mature ponía cara de estreñido… “Mature, ponme cara de que acaban de asesinar a tu hijo, violar a tu hermana y que, además, le han quitado el pulmón artificial a tu abuelo”, y Mature, claro, ponía cara de estreñido. Mature, al igual que Schwarzenegger, Van Damme, Stallone, Chuck Norris o Seagal tenía una cara y era la que ponía pasase lo que pasase. Por éso Mature es uno de los peores actores de la Historia que daba el pego en las películas en las que no debía de cambiar el gesto, pero que estaba como para cortarle los dedos de los pies uno a uno con unas tijeras de podar y echarle vinagre y sal en las heridas en el resto. Victor Mature, aquí, “interpreta” a un compasivo Capitán del ejército romano que se va enamorando de una cristiana (Jean Simmons) y, como se podrá entender, ni parece capitán, ni parece compasivo, parece Victor Mature haciendo de Victor Mature.

Otro gran acierto de quien hizo el casting es la inclusión de Robert Newton (Ferrovius), que “interpreta” (sí, lo vuelvo a entrecomillar) al típico cristiano bruto que debe dominarse e intentar que su fe sea más grande que su fuerza. El gran problema de la película es que tanto Mature como Newton tienen papeles principales y aparecen en varias escenas clave, el uno aportando la dosis de romance y el otro una parte de comicidad que debería de calificarse como X, no porque el personaje sea violento, sino porque ver la interpretación de Newton puede volver agresivo a alguien mentalmente inestable -a mi, por ejemplo-.

Alan Young (Androcles) rodaba con ésta su segunda película como protagonista y por éso le perdono. Pero la imitación que hace de Buster Keaton es tan lamentable que me lo he tenido que pensar demasiado. Además, su papel, que se supone que debería ser el centro de la película, queda relegado a un segundo plano por la historia de amor entre Jean Simmons y Victor Mature.
La mencionada Jean Simmons (Lavinia) es quizá la única que se salva de todo el reparto porque el resto de las interpretaciones tienen un tufo bastante idiota que, encima, es jaleado por la estupidez del guión.

Androcles y el león es una obra teatral de George Bernard Shaw concebida como fábula para enseñar valores cristianos y como fábula debería de haberse quedado. Lo que hicieron Ken Englund y Chester Erskine fue añadir una serie de pretendidas escenas cómicas para alargar el guión. El problema es que ni la pretensión hace gracia ni los actores pueden sacarla adelante y así, quedan ridiculizados, tanto los creyentes como su fe.
Para intentar reafirmar el cuento se recurre, entre otros, a Cato (John Hoyt), el supuesto jefe de la -al loro- policía secreta del Emperador, que se pega media película diciendo que el cristianismo es contagioso… y realmente parece que lo es porque son todos buenísimos y van alegres y cantando a su cita con las fieras en El Coliseo cosa, por otra parte, completamente normal. Cuando cantan, por cierto, se escucha un coro de fondo y cada cual mueve la boca como le viene en gana. Pero todo es normal, insisto, a mi un puñado de soldados franceses me querían fusilar en la Guerra de la Independencia -¿sí, qué pasa?- no sé qué año sería, el 1800 y poco y, como iba cantando jotas por el camino, al final me dijeron que me fuese, que era demasiado alegre para morir. Y éso que el capitán de los franceses no hacía sino decirles: “migad, camagadas, que los agagoneses son muy cabezones y si os dice que no le vais a fusilag os convencegán paga que no le fusiléis”.

Pero ésto de qué buenos son los cristianos y qué contentos van a aceptar la muerte no es lo más estúpido de la película. Tampoco lo es el hecho de que todos los romanos parezcan “gayers”, ni las escenas de Ferrovius luchando por mantener su fe por encima de cualquier cosa -que mira que son estúpidas-, lo más estúpido -con permiso de la escena de Androcles y el león en El Coliseo, que no desvelaré por no contar parte del final- es sin duda la relación que mantienen el Capitán y Lavinia.
Empezamos bien si tenemos que imaginar una escena de amor entre Mature -alguien que nunca debería de haber hecho una película a no ser que saliese como extra y bien lejos del plano- y la Simmons, una actriz en toda regla. Imagino lo que se debe sentir cuando eres una buena actriz y esperas que un pedrusco te de la réplica a tus diálogos… pobrecilla, con lo majica que era. Además, claro, sumémosle el grandioso guión que la pobre chica tenía que llevar hacia delante. Pongamos un ejemplo de diálogo Mature-Simmons:
- Capitán: “¿Saben amar los cristianos?”
- Lavinia: “Claro que sí, aman incluso a sus enemigos”
- Capitán: “¿Es fácil éso?”
- Lavinia: “Claro que sí, capitán, muy fácil cuando el enemigo es tan atractivo como tú.”
Con estos grandes diálogos se va cimentando la relación entre los dos que luego se reduce a 30 minutos de Mature diciendo “echa incienso en el altar para salvarte” y otros 30 de la Simmons diciendo “no, no puedo adorar a tus dioses”. Espectacular, oiga. Éste toma y daca “echa incienso-no quiero” se da también entre Androcles y el encargado de El Coliseo, así, para que nadie se aburra. Lo sorprendente es que nadie muriese en la película o después de ella arrojado a la jaula de los leones…
También habría que mencionar, en la vorágine ésta en la que cae la película de hacer que los futuros mártires y sus símbolos sean medio lelos, el tratamiento que se hace del emperador Antonino (Maurice Evans en el “flim”), quien en la vida real ayudó a los cristianos durante su mandato (138 a 161 después de Cristo) y que es presentado como un tipo que casi quiere exterminarlos en el circo hasta que conoce a Androcles y su grupo (en el 161, vamos, el último año de su mandato). Me pregunto cómo, siendo lo puritanos que suelen ser los estadounidenses, un guión así pasó la censura de los estudios…
Dejemos ya el guión y pasemos a lo visual.
Como todo el mundo podrá imaginarse, en una producción así todo son maquetas y decorados de estudio. Cada vez que veo maquetas tan cantosas me acuerdo de la escena de Los caballeros de la mesa cuadrada (Terry Gilliam y Terry Jones, 1975) en la que, por fin, llegan a las inmediaciones de Camelot y todos exclaman “¡Camelot!” señalando al fondo para que, acto seguido, Patsy el escudero diga “¡Bah, es una maqueta!“. Algo parecido ocurre en mi cerebro cuando veo la esplendorosa Roma con el fondo pintado y las casitas, templos y palacios de juguete. Pero, claro, ésto es más o menos normal. Lo que no es normal es que haya carteles de “Roma, para allá” en las paredes de las casas… Ni el escenario cutrísimo que se montan para El Coliseo, sus sótanos y su arena -por el que, por cierto, gladiadores y cristianos andan como Pedro por su casa-.

Y ya llegamos al “protagonista” de la historia: el león. El león es un libro de recursos cantosos. En algunas escenas, se emplea a un tipo metido dentro de una piel cuya cabeza da mucho que pensar sobre los safaris en África; en otras los domadores se visten de los personajes que aparecen en la escena y le dicen a un león de verdad lo que tiene que hacer; y en otras se utiliza el viejo truco de los planos superpuestos sin tener cuidado en que el contraste coincida lo más mínimo para que no cante demasiado. En fin, un poco lamentable.

Androcles y el león es un intento de comedia estirado desde una fábula teatral que consigue precisamente lo contrario que pretendía la obra teatral: que los cristianos parezcan bastante estúpidos… ¡qué diablos, todos, salvo Jean Simmons parecen bastante estúpidos en esta película! Con otros guionistas y otros actores quizá hubiese sido una película entretenida, así sólo se queda en entrete. Al que le guste el más básico de los humores quizá pueda completar la palabra.















Je je entrañable pedazo de mierda el que acabas de reseñar. Me ha hecho mucha gracia lo de los “agagoneses”. Eso sí no pienso bajármela de internet, no vaya a ser que la vea y me guste.
Pd deberías hacer una entrada dedicada a Victor Mature y su colección de engendros apestosos.
Bah, es una peli que en conjunto no es tan mala… se puede ver y olvidar.