
El retorno del Dr. Phibes (Dr. Phibes rises again)

Año:1972
Duración: 89 min.
Género: Comedia, Terror, Aventuras
Director: Robert Fuest
Actores: Vincent Price, Robert Quarry, Peter Jeffrey, Fiona Lewis, etc.
Más datos en la IMDB
Minisinopsis: Tras tres años escondido, el dr. Phibes regresa a la vida con la idea de viajar hasta Egipto para resucitar a su esposa y conseguir la vida eterna para ambos.
Si ya has visto la película, puedes seguir leyendo.
Como suele pasar en Hollywood, cuando se hace una buena película, hay que usar el filón. Y, como suele ocurrir en Hollywood, segundas partes nunca fueron buenas. Comenzamos con el reparto:
Vincent Price (Dr. Phibes) está evidentemente peor que en la primera parte porque en ésta se empeñan en que hable una y otra vez consigo mismo , renunciando a la expresión de sus ojos, que era algo que engrandecía al personaje.
La inclusión de Robert Quarry (Darius Biederbeck) en la película es un error en toda regla porque el papel le viene muy grande. Lo mismo sucede con Fiona Lewis (Diana Trobridge), que hace más la estatua que el portero de Malta en el 12-0.
Peter Jeffrey (el inspector Trout) y John Carter (Waverley) vuelven a aparecer pero sus personajes han perdido toda la gracia y se han convertido en algo más parecido a El Gordo y El Flaco.
Se repesca a los grandísimos Terry-Thomas (Lombardo) y a Hugh Griffith (Harry Ambrosse) -el primero muerto en la primera parte y el segundo interpretaba a un rabino-, pero se les vuelve a dar un papel pequeño (el de Griffith un poco más largo) en lugar de aprovecharlos. Cualquiera de los dos hubiese hecho mejor el papel de Darius Biederbeck.
Y, por último, se incluye a Peter Cushing con un mini-papel de capitán de barco que aparece durante medio minuto. En resumen: un desperdicio de buenos actores.
También a diferencia de la primera parte, la película parece dirigida con desgana. Y del guión ni hablemos… o sí.

El primer guión fue escrito por James Whiton y William Goldstein y, recuerdo, era una sátira con diálogos inteligentes y buenos personajes. El guión de la segunda parte fue escrito por el propio Robert Fuest y Robert Blees y es un intento de parodia de las películas sobre Egipto mezclado con unos personajes llevados al absurdo y unos diálogos igual de absurdos que sólo dejan cabida para las excentricidades de Phibes.
¿Hay algo por lo que valga la pena la película después de decir todo esto? Quizá. De la película se pueden salvar varios diálogos, como el discurso de la voz en off que, al principio, narra la historia de la primera película:
“Phibes yació en la oscuridad durante tres años hasta que la Luna, alcanzando la conjunción exacta con los planetas eternos, brilló sobre la bóveda dorada de la cripta enviando impulsos fantásticos de vida propia” ¡Toma ya!
El primer diálogo entre Trut y Waverey también tiene su punto:
Waverey – El asesinato de la plasta Glaster. De la Plaza Glaster, no entiendo bien su letra, Foster. “Cuando llegué al lugar del crimen encontré a un hombre tendido en…”
Trut – Bolas.
Waverey – ¿Qué quiere decir?
Trut – Que estaba encima de la mesa de billar.
Poco más adelante, cuando Trut y Waverey interrogan a Lombardo:
Trut – Buscamos a un loco peligroso
Lombardo – Bueno, pues conseguirán convertirme en uno… ¿Se dan cuenta de que es sábado por la tarde?
(…)
Trut – Se trata de un asunto delicado, señor. Hemos… Encontrado un cadáver
Lombardo – No sabía que hubieran perdido ninguno, ¿quién es?
Como he dicho, no tienen la gracia de la primera parte, pero se pueden salvar.

La película está llena de incoherencias guionísitico-visuales (vaya palabro). Por ejemplo, los decorados de Egipto no es que sean malos, es que son surrelaistas -aunque más surrealista es ver cómo un coche de la época avanza por las dunas-. El templo está decorado con Art-decó, lo que se supone que no ha decorado Phibes parece que lo ha decorado Phibes y lo que ha permanecido sumergido en el agua durante siglos está limpísimo y no tiene ningún tipo de vegetación adherida. Los decorados del barco son cutrísimos y se resuelven intercalando imágenes del mar para que parezca que todo aquello va flotando. Las apariciones de Phibes durante media película se reducen a escenas estúpidas de 30 segundos en las que toca el órgano y no para de repetir una y otra vez lo mismo. Un templo en mitad del desierto tiene instalación eléctrica y, lo más absurdo, Phibes se pasea con antorchas… ¿si has puesto enchufes, para qué quieres las antorchas? Y, en fin, despropósito tras despropósito.

¿Qué tiene de bueno la película? Pues se podría decir que más de lo mismo. La forma que tiene Phibes de matar a la gente sigue siendo tan original como en la primera parte; los autómatas (cuyo grupo ahora se llama “The Alexandrian quartet“), aunque se note a la legua que son personas con máscaras de latón, siguen tocando su música de cocktail o su jazz e “interpretan” una gran escena en la que Phibes los disfraza de fusileros escoceses para raptar a Diana; los numeritos musicales, aunque al final cansen, al principio siguen teniendo su gracia y, en general, las escenas en las que aparece Vulnavia (Valli Kemp), en especial las del pasillo de espejos.
En resumen, El retorno del Dr. Phibes es una película que debería haberse hecho dos años más tarde para tratar de convencer a los autores originales del guión para que hiciesen el nuevo y es una película en la que se deberían de haber repartido mucho mejor los papeles. Por lo demás, resulta entretenida-aburrida-entretenida-aburrida, en ese orden.















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